Soy matemático, y esta es la razón por la que no juego a la lotería.
Las
posibilidades de ser el afortunado ganador de algunos de los juegos que
reparten más millones, son tan pequeñas, que es miles de veces más probable
morir en accidente de coche.
Un colega me dijo una vez
que la lotería es el impuesto de la ignorancia. Pero no estoy del todo seguro.
Me gusta más pensar que la gente compra esperanza. Si gastas dos o tres dólares
en esperanza de ganar a lo grande, es una forma poco costosa de mantener el
optimismo y mirar hacia el futuro. Personalmente obtengo mi esperanza de otras
fuentes, así que no necesito jugar a la lotería.
También se puede pensar en
el coste en otros términos: los de la utilidad. Por ejemplo, cuando se compran
participaciones de un boleto en la oficina, si piensas que estás gastando 20
euros en la esperanza basada en la mínima probabilidad de que te toque el
gordo, no es un valor muy realista; pero si piensas que gastas 20 euros en
ahorrarte el disgusto que supondría que, no habiendo comprando el boleto,
saliera el número premiado y todos tus compañeros se hicieran ricos menos tú,
es posible que compense. La Teoría de la utilidad es una rama de la Economía en
la que han hecho aportaciones importantes matemáticos como Von Neumann, Laplace
y Bernoulli; y que pretende cuantificar la capacidad de un bien o servicio para
satisfacer las necesidades humanas, de un individuo o un colectivo. Sobre ella
se basa el desarrollo de las teorías de la decisión.
Cada país tiene su propio
sistema de lotería, algunos son muy sencillos y otros más complicados. En
España está la famosa Lotería de Navidad, que se juega desde 1812 y es la que
se lleva organizando más años del mundo. En 2015 el Gordo fue de 720 millones
de euros, y las posibilidades de ganar son pequeñas, aunque bastante mayores
que las de ganar La Primitiva, en concreto de 1 entre 100.000, desde 2011; de
2005 a 2010 participaban 85 000 números: desde el número 00000 al 84999, por lo
que la probabilidad de ganar ha disminuido en los últimos años. En cualquier
caso, estoy seguro de que esto no va a convencer a todos los que compran
boletos de lotería para que dejen de hacerlo. Merece la pena pagar unas monedas
para levantar las esperanzas, y aún más si es cerca de navidades.
Fuente: Florín Diacu (Diario El País). Extraído de:
http://elpais.com/elpais/2016/11/16/ciencia/1479298120_064023.html
Fuente: Florín Diacu (Diario El País). Extraído de:
http://elpais.com/elpais/2016/11/16/ciencia/1479298120_064023.html
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